domingo, 5 de junio de 2011

ESPÍRITU DE ADOPCIÓN Y NATURALEZA DIVINA


“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”  (Rom. 8: 15-16).
La dádiva de la adopción conlleva la liberación de todo temor e inseguridad, al que Pablo lo llama espíritu de esclavitud, este nos inhibe para gozar de la plenitud de la vida cristiana. El espíritu de adopción nos hace exclamar la expresión de confianza: ¡Abba, Padre! Palabra de intimidad; de relacionamiento, de cercanía que se da en la consanguineidad. La naturaleza pecaminosa ya no resalta en nosotros, porque hemos nacido de nuevo, por el Espíritu; estamos unidos a Él y cubierto por la sangre de Jesús.
Pedro nos aclara, que mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó, nos han sido dadas grandísimas promesas; y, la más grande de todas: llegamos a ser participantes de la naturaleza divina. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”  (2Pedro 1: 3-4).
Es entonces cuando podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad, porque nuestro espíritu tiene contacto con el Espíritu y nos da la certeza de la consanguineidad - “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”  (Rom.8: 16). Hay en nuestro interior un testimonio que nos da la seguridad de que somos hijos de Dios. Todos los bienes que tiene el Padre, nos pertenece. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”  (Romanos 8:17-18). Y aunque nos acosen con impetuosidad andanadas de sufrimientos, el Espíritu de adopción nos mantiene gozosos.
El status de hijo, al cual nos ha posicionado el Padre, hace que podamos enfrentar cualquier situación con la altura y el poder con la que hemos sido dotados, por lo que somos en Él. Siempre en las batallas que enfrentamos a diario vamos a salir victoriosos.
 “porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1Juan 4: 4), es el blindaje Divino prometido para un hijo de Dios.

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