lunes, 6 de diciembre de 2010

EL LÍDER FORJADOR DE LÍDERES


De Gat, David se fue a la cueva que está en Adulam. Cuando sus hermanos y familiares lo supieron, fueron a verlo. Ese día también se unieron a David como cuatrocientos hombres. Todos ellos eran tan pobres que no tenían dinero para pagar sus deudas. Además, eran gente que sufría mucho y que ya no quería seguir viviendo así. De modo que David llegó a ser su líder (1 Sam. 22: 1-2).
(Biblia para Todos).

PREPARACIÓN A TRAVÉS DE PRESIONES EXTREMAS

David, aunque ungido por Dios, para que en el tiempo indicado por Él pudiera ejercer su liderazgo en plenitud y con eficacia, tuvo que pasar por innumerables circunstancias de presiones extremas: Sorber el trago amargo de tener que someterse a un líder desechado por Dios, quien además con frecuencia era poseído de un espíritu malo, que se manifestaba a través de insultos y amenazas de muerte lanzadas en contra de él. Soportó la huída humillante al exilio; separación de su entorno familiar y de apreciados amigos. Anduvo errante, acosado constantemente por una persecución injusta y sin sentido; en ocasiones, mendigando un pedazo de pan para apenas mitigar el hambre; hasta llegó al extremo de fingir locura para preservar su vida, cuando las circunstancias le obligaron a habitar en tierra enemiga. Acorralado y sin posible salida, se refugió en las profundidades de la cueva de Adulam, acompañado de cuatrocientos hombres, quienes, según los calificativos del relato bíblico, eran seguros candidatos para discurrir, lo que les restaba de existencia, en la miseria; y, sin duda, destinados a ser fracasados.

De tales desechos humanos David llegó a ser su líder.

EL LÍDER QUE SE FORTALECE EN DIOS A PESAR DE LAS ADVERSIDADES

Es destacable que, a pesar de las constantes vicisitudes e injusticias que tuvo que soportar durante su vida de perseguido, nunca el espíritu de David fue contaminado por el resentimiento, ni su corazón enturbiado por la amargura. El motivo: “Mas David se fortaleció en Jehová su Dios” (1 Sam.30: 6). “Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firmes sobre mis alturas” (2 Sam. 22: 33 – 34). Con la actitud asumida por este hombre de Dios, aquellos días sombríos de sufrimientos le sirvieron como hornaza para templar su alma y como suficiente escuela de donde se graduaría para ejercer con la altura requerida uno de los más destacados de los liderazgos conocido en el Pueblo de Dios.

 La escuela de donde surgieron estos líderes difiere bastante de la forma de preparación actual, especialmente respecto a la dependencia divina, actitudes y experiencias para enfrentar las situaciones de dificultades extremas, y aún así no sucumbir. En tales circunstancias el sentir del corazón de David se expresa con estas palabras: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” (Sal 127:13). Hay asuntos, especialmente en el liderazgo, cuando se debe lidiar en el campo de batalla, que se requiere mucho más que una preparación académica: Cuando nuestra fe y conocimientos tienen que ser sometidos a las más variadas pruebas de fuego.

EL VERDADERO LÍDER REVIERTE AUN LAS SITUACIONES IMPOSIBLES

Generalmente las cuevas de aquellos lugares sinuosos eran usadas como refugio de delincuentes y guarida de animales. Si bien David y los cuatrocientos hombres entraron a la cueva de Adulam para protegerse del enemigo, sin embargo, porque él se fortaleció en Jehová su Dios, la cueva llegó a funcionar  como un templo de adoración, donde, tímidamente al principio, la búsqueda de Dios se imponía, motivada por la necesidad imperante, porque cundía la desesperanza; urgía la  sanidad de gentes que sufrían lo indecible; de estos, que  por causa de la aflicción, ni siquiera le quedaban aliento para seguir viviendo, porque habían llegado al límite, y les parecía que ya habían pocas razones para  la prolongación de la existencia.

Podemos fácilmente imaginarnos el cuadro patético que exhibía el ambiente: Personas harapientas vociferando amargas quejas por los tratos denigrantes que le habían deparado la vida; expresiones que destilaban la carga de negatividad que anidaban en sus entrañas; otros reprimían su dolor con el silencio que otorga la resignación. El único horizonte que podían avistar no iba más allá de la roca fría donde se perdían sus miradas. Era como estar sepultado en vida, como si la boca de salida de la cueva hubiese sido sellada para siempre, y que la asfixia de aquella presión atmosférica los consumiría inexorablemente. La algidez de la situación no alentaba ninguna esperanza.

De pronto, en medio de ese caos reinante, se escucha una melodía que acalla los gritos lastimeros, y se impone una voz, que con expresiones certeras expresaba lo que estaban experimentando, resaltando en dichas palabras la esperanza vivificadora que transmitía: “Clamé a ti, oh Jehová; Dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes. Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo. Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre…” (Sal. 142: 5 – 7). “Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece. Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré y trovaré salmos. Despierta, alma mía; despierta salterio y arpa; Me levantaré de mañana. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria” (Sal. 57: 1, 2, 7 – 11).

La relevancia de estas canciones de adoración radica, según indican los epígrafes de los citados salmos, en que David los compuso desde la cueva de Adulam (Ver encabezamientos de los Salmos 142 y 57).

El LÍDER VERDADERO FORJA LO VALIOSO CON LO QUE TIENE A MANO

Para la obtención de un producto óptimo se debe contar con la mejor materia prima y con un ambiente favorable para elaborarlo. No se puede dar valor agregado a ningún producto cuando uno dispone mayormente de residuos, chatarras. Con los mismos, lo máximo que se puede lograr sería algo descartable, sin utilidad sostenida ni con probabilidades de éxito. O sea, sin futuro, condenado al fracaso.

 Obviamente, la relevancia de nuestro relato radica en que, David, con la gracia divina, se atrevió a trabajar y moldear la resaca con la que disponía, de lo que todavía quedaba de estos desechos humanos, de los cuales pudo elaborar productos de primera calidad: De los residuos de  piltrafas humanas, quienes desesperados ingresaron con él en la cueva, salieron los que en un futuro próximo vendrían a ser los máximos  líderes en Israel. Hombres valientes, dotados de singular coraje; quienes fueron fundamentales para la estabilización del incipiente Reino de Israel. (2Sam 23: 8, 13; 1Cro. 11: 10 – 47)... El verdadero líder, preponderantemente, es forjador de nuevos líderes, aunque estos no sean calificados como los materiales más adecuados, ni se den las condiciones más propicias para ser desarrollados.

Líderes de dicho temple es lo que requiere nuestra generación, para rescatar de la desesperanza y el sufrimiento a tantos que hoy viven en el pozo de la desesperación, de las que no saldrán a menos que hallen una mano tendida.

EL FORJADOR DE LÍDERES PRIMERO ES FORJADO POR EL MARTILLO EMPUÑADO POR LA MANO DEL CARPINTERO

Resulta significativo que Jesús escogió para sus discípulos a hombres del populacho, rústicos y sin mucha preparación académica (Jn. 7: 48-49). Con estos hombres Él convivió; les transmitió su sabiduría; trabajó por más de tres años para formarlos y después de la llenura del Espíritu Santo por el Padre, encomendarles la prosecución - liderar - la tarea de llevar el Evangelio a toda criatura. Todos sabemos el papel preponderante que desempeñaron, y gracias a ellos el mundo experimentó la revolución más trascendental de la historia. Esto, porque fueron forjados, esculpidos sobre el banco y el martillo moldeador empuñado por la mano del Carpintero de Nazaret.

Ninguno que aspire ascendencia se elevará a la altura de un verdadero líder si no llega a ser forjado por la mano de Jesús y esculpido por los golpes que, con frecuencia, se recibe en el servicio.  Este es el que estará capacitado para ser un verdadero líder y forjador de nuevos líderes.

Leonardo  Alderete                       Reunión de líderes - 20 – 06 – 09.
                                                     Embajada Cristiana del Paraguay.

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