jueves, 9 de diciembre de 2010

IDENTIFICADOS CON JESUCRISTO

            A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mt. 10: 32, 33).

EL CRISTIANISMO NOMINAL

Los primeros seguidores de Jesús vivían plenamente identificados con su Señor, de tal modo, que la sociedad de la ciudad de Antioquia les dio por primera vez el nombre de “cristianos” para identificarlos. Por un lado, dicha denominación era un mote despectivo, por la ridiculez de haberse convertido en Seguidores de un crucificado. Sin embargo, otros, al observar la vida de ellos era como si estuvieran viendo al mismo Jesucristo. (Hch. 11: 26).
Hoy, cuando las estadísticas nos informan del número de cristianos en un país o pueblo, no indican ni en lo más mínimo a las personas que se identifican con Jesucristo. No están señalando a personas que en sus prácticas cotidianas se refleja la vida de Jesús. Son apenas cristianos nominales, considerados como tales por razones de identificación ciudadana o discriminaciones culturales; en algunos casos por la simple declaración verbal, sin relación alguna con la convicción espiritual y fidelidad a Jesucristo que determinaron la denominación original de cristianos.  Al contrario, la corrupción imperante, el estilo de vida y la indiferencia a los valores espirituales demuestran que no existen méritos para calificar como seguidores del Divino Maestro.
La vivencia en la actualidad no cuenta. La denominación de cristianos son simplemente estadísticas que identifican números, bloques étnicos y hasta a partidos políticos que se dan en llamarse cristianos. En nuestro país (Paraguay), generalmente, cuando a alguien se le formula la pregunta: ¿Es usted cristiano?, la respuesta más posible sería, ¡claro! ¿O acaso usted cree que soy un animal?

LA IMPLICANCIA DE LA IDENTIFICACIÓN PLENA

            La identificación significa hacer que dos cosas distintas aparezcan y se consideren como una misma, llegar a tener la misma fe, propósitos, deseos y rumbo de vida que otra persona. La identificación se evidencia por el acuerdo mutuo (pacto). Es como lo expresa la Palabra en Hebreos 10: 16, “Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré”. Es un paso que implica compromiso. El cambio, la transformación del corazón que nos da la nueva vida apunta a ser idéntico en todo a Jesús.
El llamado de Jesús a los que serían sus discípulos era lacónico, es decir, breve, conciso y contundente: “Sígueme”; y la respuesta de los que respondían a dicho llamado nos muestra con claridad lo que implicaba dicha respuesta: “Y dejándolo todo, le siguieron” (Mt.9: 9; Lc.5: 11). En otras palabras, desde ese momento ellos, sin lugar a dudas, entendían que, todo lo que ellos eran y tenían los habían rendido al Señor, a quien habían encontrado y considerado como “la perla de gran precio” (Mt. 13: 46). Todo para ellos en adelante giraría alrededor de la Persona de Jesús, o sea, a partir de ese momento se identificarían plenamente con Él. Es importante entender que la identificación no significa despersonalización, sino la formación de la nueva vida que se va conformando a la de Jesucristo (2 Cor. 3: 18). Es el inicio del proceso de la transformación del corazón, mente, carácter, actitudes y proyecciones futuras.

            Jesús nunca anduvo con medias tintas, medias verdades, ni con medias decisiones.  Siempre dejó en claro el precio: Él, al venir a nuestra vida, absolutamente debe ocupar el primer lugar. En la identificación con Él no existe lugar para los indecisos ni para los intereses divididos. “Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le respondió: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt. 8: 19 – 21). “Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: “Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14: 25)- N V I.
Lo que Jesús nos dice con claridad es contundentemente determinante:Tú has muerto, y porque estás identificado conmigo, Yo vivo en ti” (Col. 3: 3). La misión de anunciar Su Mensaje al mundo con su contenido liberador y esperanza verdaderos, sólo puede llevarse a cabo con personas identificadas plenamente con Él. Para cambiar las estructuras sociales injustas, valores distorsionados e instituciones que funcionen para el bien del pueblo, se necesita de hombres y mujeres identificados con Jesucristo, Su doctrina y la misión que Él encomendó.

PERSONAS QUE PUDIERON HABER SIDO, PERO NO FUERON

            La Biblia relata de hombres prominentes como Nicodemo (Miembro del Sanedrín judío), como se relata en Juan 19: 38,39, y José de Arimatea (Hombre rico y miembro del Sanedrín), según Marcos15: 43, que tuvieron protagonismos esporádicos y eventuales en la historia, como el haber sepultado y embalsamado el cuerpo de Jesús, que por cierto revestía cierta importancia. Pero cuán diferente función hubieran protagonizado si hubieran vencido el temor de perder la reputación y el privilegio que les otorgaba sus cargos. Pudieron haber sido otro Pablo, o, tal vez, otro Lucas, hombres que se identificaron plenamente con Jesucristo y que hicieron posible que a través de ellos el mundo de entonces sufriera el mayor cambio que experimentó la historia. Las decisiones que tomaron ante el llamado de Jesús hizo la diferencia. Los primeros, quedaron como una anécdota más; Pablo y Lucas revolucionaron el mundo, y hoy siguen influenciando sobre nosotros.




IDENTIFICADOS CON ÉL EN EL SERVICIO

            Cuando el Espíritu Santo alumbra los ojos de nuestro entendimiento y viene la revelación que no nos da carne ni sangre (Entendimiento humano) Su  Verdad se encarna en nosotros, nuestra relación con Dios es diferente, porque ella se convierte en prioridad absoluta; nuestra existencia en este mundo cobra sentido; cada día gozamos de nuevas experiencias, que son enriquecidos por el poder y la sabiduría divina. El servicio no resulta una carga, sino un deleite y motivo de gozo. Salmo. 126: 6 nos describe esto: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. El andar con Jesús deja en nosotros “su sello de calidad”, como lo fue con los primeros discípulos. Hombres sencillos y sin preparación académica, no obstante saturaron con el Evangelio gran parte del mundo habitado, y dejaron maravillados aun a los más encumbrados hombres que ostentaban entonces el poder. …y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hch. 4: 13). Esta era la marca registrada que garantizaba la calidad de estos hombres. Hoy, seguimos con la misma “marca”. Todavía no se ha encontrado un sustituto válido. Nada ni nadie podían amilanar, y mucho menos frenar el ímpetu con el cual desarrollaban el servicio. El denominador común que los caracterizaba era el denuedo (Esfuerzo, valor, intrepidez) con el que lo hacían (Hch. 4: 13; 4: 31). La identificación no puede ser plena si no se traduce en servicio. “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mr. 10: 45).

No hay comentarios:

Publicar un comentario