viernes, 17 de diciembre de 2010

VISIÓN, UNCIÓN Y ACCIÓN


LA VISIÓN


La visión es “ver”.  El tener  visión es adelantarse a su tiempo, es tener visión de futuro. Vislumbrar una meta que tiene un comienzo, pero que no se detiene hasta llegar a la cumbre; es seguirla con constancia hasta hacerla realidad.
En Proverbios 29: 18 dice: “Donde no hay visión, el pueblo se extravía...”- N.V.I.  En Reina Valera, “Sin profecía el pueblo se desenfrena”.  Y la Biblia para todos, “Donde no hay un buen gobernante, el pueblo no sabe qué hacer…”  Es decir, marcha al caos Es lo que vemos en Éxodo 32: 25:  “Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos”. La actitud ciega de un líder que acompañó al pueblo en el descontrol de sus impulsos mediáticos; entretanto el conductor Moisés, el que tenía la visión, estaba en la presencia de Dios, recibiendo las indicaciones que delinearían la marcha del pueblo.

Entendemos por esta Palabra la importancia de la visión profética de un líder y la dirección  con visión de futuro, con entendimiento claro de los propósitos de Dios: Dónde y cómo Él quiere llevarnos.
  
La visión orientada por el Espíritu Santo nos encamina a la voluntad de Dios, según Romanos 8: 27. Un aspecto de la visión es  la implementación de los grupos G.O.M.A (Sigla de: Grupo de Oración, Milagros y Asistencia. Puede que se llame Grupo Casero, Célula…), que  apunta a los propósitos de Dios; a la visión organizacional de crecimiento sostenido que Él dio a esta casa. O sea, ganar, consolidar y enviar con capacitación adecuada, según los parámetros divino: Fidelidad e idoneidad.

LA UNCIÓN

Para que desarrollemos la visión, necesitamos la unción del Espíritu Santo. Sin dicha unción cualquier cosa implementada llegaría a ser un método más, frío y mecánico, la que, al no ajustarse a los requisitos divinos, conduce al cansancio, pérdida de tiempo, y a largo plazo, al agotamiento, por no decir al fracaso.

Según los siguientes versículos de la Biblia, 1Jn. 2:20; 2Cor. 1: 21,22, N.V.I. La unción, que al rendirnos a Cristo todos hemos recibido, nos hace conocer la verdad, nos mantiene firmes en esa verdad y es un sello de garantía que el Espíritu pone en nuestro corazón.

 La unción no es un eventual toque emocional. Debe ser algo permanente en nuestra vida: Una posesión, por la presencia del Espíritu que habita en nosotros, según 1 Jn. 2:27, “La unción que de Él recibieron permanece en ustedes…” Es la capacitación divina para llevar a cabo lo que Él nos ha encomendado y tener poder para  contrarrestar las fuerzas de las tinieblas.

La unción produce un cambio en nuestra vida, nos da dones y poder para realizar la obra de Dios. Esto ocurre cuando uno decide someterse a los designios de Dios; El que sabe escrutar Su corazón, como Samuel, David, y por excelencia, Jesús (1Sam. 2: 35; 16: 13; Hch. 10: 38). El sometimiento y la búsqueda de la presencia de Dios debe ser día a día para vivir ungido todos los días. Saúl fue ungido, pero no permaneció en la unción y fue desechado. “Permaneced en mí, y yo en vosotros…”, dice Jesús. (Jn. 15: 4).

LA ACCIÓN

Cuando tenemos visión y somos impulsados por la unción del Espíritu, la acción es una consecuencia natural: El impulso del Espíritu  impone en nuestro interior una necesidad de  actuar, de anunciar las Buenas Nuevas. No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. (1Cor. 9: 16; Hch. 4: 20).

La acción dinamizada por el Espíritu no consiste en  meras actividades, que algunos realizan para aquietar sus mentes hiperactivas; lo que se debe catalogar como simple activismo. La acción de debe ser  sencillamente el obrar de los que oyen la voz de Dios, y las hacen (Mat. 7: 24).  Es el producto de lo que el Espíritu produce en nuestro corazón, quien nos da el sentir de querer cumplir la buena voluntad de Dios, si parafraseamos Filipenses 2: 13. Nótese lo que dice: “Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el hacer, para que se cumpla su buena voluntad…”

Nuestro Padre amoroso está levantando en esta casa, y en donde haya corazones abiertos, hombres y mujeres con visión, las que la movidas por la unción que da el Espíritu Santo, accionan ejecutando la buena voluntad de Dios.
 Con estas premisas, siempre será la voluntad de Dios agradable y perfecta, y dará satisfacción a nuestro corazón. No resultará una carga pesada.

Reunión de líderes, Embajada Cristiana, 20 – 03 – 10.

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