martes, 21 de diciembre de 2010

RETORNANDO AL ESPÍRITU NAVIDEÑO



Con este breve mensaje envío un saludo navideño a todos los amigos, con el deseo sincero en Cristo, que la bendición y gracia del cielo sobreabunde en la vida de cada uno. ¡Feliz Navidad!

Si pudiéramos sintetizar la significación de la Navidad, se resumiría con  esta breve palabra: Dar. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3: 16). El Dios de amor que da lo más preciado para que el hombre deje de hundirse en la perdición, sino tenga una vida abundante por medio de la reconciliación con Él. “Por amor a nosotros se hizo pobre, siendo rico, para que nosotros con su pobreza seamos enriquecidos...” afirma el apóstol. “Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad” (2Cor.8: 9; Tito 2:14). Esta dádiva del Padre, manifestado en el nacimiento de Su Hijo Jesucristo es el verdadero espíritu de la Navidad.

Para algunos, la Navidad es una fiesta, donde indispensablemente debe predominar abundantes comidas y finas bebidas, para amenizar el encuentro entre familiares y amigos. Para otros, sólo tiene un sentido comercial. El tiempo propicio  para el repunte de las ventas y las oportunidades para comprar en ofertas. Es doloroso decir, que generalmente estas distorsiones caracterizan al espíritu navideño en un mundo que se ha alejado de Dios.

Si tú estás en Cristo, con el mismo sentir de dar que hubo en nuestro Padre, debes recibir la Navidad  dando lo mejor de tu vida al Dador de la Vida. Dando una palabra de esperanza al quebrantado de corazón. Dando una mano de ayuda al necesitado, sin esperar recibir algo a cambio. Porque es más bienaventurado dar que recibir, nos dice la Biblia.

Para recibir las bendiciones que conlleva la Navidad, es necesario  retornar a su verdadero espíritu: La dádiva del Padre, Quien dio a Su Hijo por amor a nosotros. 

1 comentario:

  1. Has dado en el clavo. Que lamentable que la navidad se haya comercializado tanto que ya nadie puede escapar de esos afanes.
    Pero Cristo que se dio a sí mismo espera que nosotros le demos nuestro corazón. El otro día me conmoví al cantar una canción navideña y pensar que todo un Dios vino a la tierra por mí.

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