lunes, 9 de mayo de 2011

EL PROCESO DEL PERFECCIONAMIENTO


“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” Prov. 4:18. La fe y el propósito tiene un inicio, pero su esplendor debe crecer hasta llegar a la plenitud, como el sol llega en su cenit. Nuestras potencialidades de vida, oculta, deben aflorar, en: “Ser llenos de la plenitud de Dios. A una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo” (Ef.3:19; 4:13).
Para la obtención de un desarrollo aceptable en el Reino de Dios, debemos desechar la mediocridad y la desidia para apuntar a la excelencia en todas las esferas que nos toca funcionar – No más bai bai, así nomas… Esto nos lleva a  enfocaremos  en la inteligencia del proceso direccionado al perfeccionamiento.
Nuestro texto básico, es: “Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí, en la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” Salmo 101: 2.
¿Cuándo entenderá el salmista el camino de la perfección? - “Cuando vengas a mí”. Sólo cuando el Espíritu Santo abre los ojos de nuestro entendimiento y nos reprende de pecado, venimos a Cristo, somos nueva criatura, nuestro corazón ya no se inclina por los caminos torcidos, entonces comienza el proceso del perfeccionamiento, a través de una inteligencia renovada: La mente de Cristo, que nos es impartida, cuando estamos unidos a Él.
¿Cómo y dónde se debe comenzar este proceso? “En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa”. La operación divina comienza en nuestro corazón, cuando el Soberano destruye el corazón de piedra y lo reemplaza por un corazón de carne, sensible a la voz de Dios y a las necesidades de los demás. Este milagro se extiende a mi casa, porque, como fruto, una atmósfera de integridad se transmite al hogar donde Cristo reina. La doble vida ya no tiene lugar; porque aun con las debilidades propias del humano, el que está en Cristo busca la transparencia.
¿Qué obra hace Dios con lo que comienza, según Fil. 1:6? “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Nuestro Dios no comienza con nosotros algo que no va a terminar, aunque, a veces, parezca que nuestros fracasos lo frustrarían, que lo echarían a perder todo. Aun las caídas, si uno no determina quedar en ella, Él lo utiliza para nuestro perfeccionamiento.
¿Hacia dónde avanza el cristiano luego de iniciar el proceso? “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección…” (Heb. 6:1). La perfección es la meta del cristiano, que es nada menos, que a “un varón perfecto,, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4: 13). Nadie debe aspirar menos de lo que nuestro Padre ha destinado para sus hijos, que se extiende a todas las áreas de nuestro quehacer cotidiano, en especial para nuestro llamado específico: Debemos perfeccionarnos hasta acercarnos a la  perfección.
¿Cuál es la manera en que Dios perfecciona la santidad, según 2 Cor. 7:1? “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Nuestra carne se contamina con las inmoralidades. Nuestro espíritu - con el cual nos relacionamos con Dios - se contamina cuando mezclamos prácticas ocultistas y extrañas, con apariencias espectaculares, sin temor de Dios, para despertar admiración. Limpiémonos de toda contaminación para perfeccionar la santidad, es la amonestación de La Palabra para los hijos de La Promesa.
¿A qué blanco apuntaba la oración de Pablo, según 2 Cor. 13:9? “Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros débiles y que vosotros estéis fuertes; y aun oramos por vuestra perfección”. Los corintios, aunque jactanciosos, todavía ni siquiera reunían lo mínimo del estándar de vida requerida por La Palabra, sin embargo Pablo tenía fe de que ellos serían perfeccionados, por la gracia de Dios y la suministración del Espíritu Santo, y oraba para que ellos salgan del infantilismo  y avancen a la amplitud y riqueza del Reino, que apunta a la perfección.
 ¿Para que Dios esté con nosotros, cuáles son las cualidades que debemos anhelar? En este punto se impone notar el aspecto destacado de nuestro tema, descrito en 2 Cor. 13: 11. “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros”. Todas estas virtudes adornaban la vida de Cristo, las que deben ser nuestro referente supremo y  aspiración constante. El conformismo y estancamiento están excluidos del plan de nuestro Maestro.
 ¿Cuáles son las cuatro anclas que estabilizarán y edificarán nuestra carrera cristiana?, según 1Pedro 5: 10: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.
Considerando los aspectos alusivos al tema que hoy desarrollamos, ¿En qué punto del proceso estoy? ¿Cuál es la debilidad en mi vida que todavía debo superar? Y, ¿cuál es la parte que a mí me toca poner? (dando por sentado lo que ya hizo Dios por mí), para que mi vida apunte al perfeccionamiento, y sea semejante a la plenitud de Cristo y así mi servicio a Él sea eficaz.

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