“¡Madre, tú que eres macha, te arrancaron los ojos y por los agujeros me sigues mirando…!, declamó alguien en cierto día de la madre. Al momento me parecía una chabacanería y exageración de mal gusto; sin embargo, analizándolo bien, expresa un montón las virtudes de tantas aguerridas mujeres. Cuántas de ellas traen el sustento a los hijos con ingentes sacrificios; luchan por darles una educación superior privándose aun de sus necesidades elementales, y en el intento nunca miden el costo, el precio a pagar por sacar a sus hijos adelante. No se rinden aun ante lo imposible… ¡Son machas!, a veces en ausencia del macho.
Si analizamos algunos relatos bíblicos, entenderemos que mucho de lo que fue Isaac ostenta el cuño de una Sara. En la grandeza y fidelidad del profeta Samuel está impregnada la piedad y fe de Ana. La fe no fingida de un Timoteo tiene el sello indeleble de una Loida y Eunice. Sin olvidar a la madre de Moisés; de una María, quien acompañó a su Hijo hasta la misma cruz; y a otros grandes que impactaron, sobresaliendo por liderazgo y grandes realizaciones. Detrás de ellos, casi siempre, actuó la influyente mano de una progenitora.
Rendimos un merecido homenaje a las madres que luchan y crían a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor. A aquellas que derraman lágrimas en oración para que sus hijos vengan a los pies de Cristo. A las madres, que a pesar de la indiferencia e ingratitud de los hijos, ellas les siguen amando y rodeándoles, aun en la distancia, con el abrazo santificado por el dolor, les arrulla con el cariño que sólo una madre puede ofrecer. Otras, las que tienen hijos en el cielo, que no pueden asimilar la separación y expresan con reprimido silencio su corazón partido, cuyas lágrimas un día Jesús las enjugará. Algunas, como la mía, ya nos espera en el cielo, y ahí la veremos de nuevo.
Gracias Mamá, sí, así con mayúsculas, por lo que has sido, eres y seguirás siendo hasta exhalar el último suspiro. El Todopoderoso te dotó con singulares virtudes para brindarnos lo que ningún otro puede entregarnos: El amor genuino.
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